miércoles, 5 de agosto de 2009

El Bicentenario


El Bicentenario de la Revolución del 10 de Agosto de 1809 finalmente ha convocado a todo el Ecuador. Los medios de comunicación han suscitado el interés público con reportajes, entrevistas y reseñas históricas. Hace poco concluyeron dos congresos de historia: el de las Academias Iberoamericanas y el mundial sobre las Independencias y las luchas anticoloniales.

Son innumerables las instituciones públicas que llevan adelante programas. Sobresale la Alcaldía de Quito. Es importante la producción bibliográfica del FONSAL, el BCE y varias universidades.

Hay una amplia programación que impulsa el Ministerio de Cultura y otros ministerios. La Presidencia de la República también ha concretado sus actividades. Los artistas de todas las áreas creativas, así como los intelectuales y, sin duda, los investigadores sociales, han encontrado mecanismos de expresión y difusión de sus producciones, a pesar de las limitaciones que enfrentan en un país en el que su demanda creadora sobrepasa las políticas públicas.

En todas las provincias del Ecuador hay programas que convocan a la participación ciudadana.
Lastimosamente, son todavía pocas las empresas privadas que asumen el reto de comprometerse seriamente con la cultura y la promoción social, pues el alto empresariado prefiere los "buenos negocios". En fin, con altibajos o con magníficas programaciones, el Ecuador está plenamente involucrado en el Bicentenario de una de las gestas más importantes de su trayectoria.

A diferencia de conmemoraciones cívicas del pasado, ha sido sobre todo gracias a la labor de los académicos e historiadores, que hoy se visualiza mejor a la Independencia como un proceso complejo y hasta contradictorio, que incluso se cumplió por fases. Entre 1808-1810 se combinaron el autonomismo y el "fidelismo". Entre 1810 y 1812 la emancipación se radicalizó y arribó al Estado Libre de Quito y a la primera Constitución. Los siguientes ocho años fueron de intermitentes rebeliones, incluso armadas (así lo demuestran las nuevas investigaciones), aunque pesó más la represión y el cerco impuestos sobre Quito. Entre 1820 y 1822, gracias a la Revolución de Guayaquil, el proceso de la independencia se consolidó y culminó con la liberación definitiva del país.

Durante trece años se habían acumulado las fuerzas sociales capaces de impulsar el triunfo revolucionario, tan precario aún en 1809. Se había afirmado la identidad criolla y el sentido nacional. Progresivamente tomaron cuerpo práctico los nuevos conceptos sobre república, soberanía, representación, constitucionalismo, libertad y democracia.

En todos esos años había crecido la participación popular, que tenía desde mucho antes una tradición de luchas, movilizaciones y resistencias contra la opresión colonial. La Revolución de Independencia del antiguo país de Quito era, a su vez, parte del proceso de la emancipación latinoamericana.

Al celebrar el Bicentenario del inicio de su proceso independentista, el Ecuador se halla en otro momento crucial de su historia: es la oportunidad para realizar la trasformación social que permita hablar de una Segunda Independencia.

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